# ¿Denominaciones en retirada?

Integridad evangélica frente a un tiempo que ya no acepta «siempre lo hemos hecho así»

- Categoría: Ensayo
- Publicado el 1 de agosto de 2026 · Ricardo Cerda
- Versión canónica: https://dosfilos-web.ricardo-29a.workers.dev/es/articulos/denominaciones-en-retirada/

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![Un libro abierto, apoyado en su basa]()

*ΣΤΥΛΟΣ ΚΑΙ ΕΔΡΑΙΩΜΑ* — 1 Timoteo 3:15 · columna y baluarte

> **Durante mucho tiempo algunas denominaciones pudieron responder a las preguntas difíciles apelando a la tradición, la autoridad pastoral o simplemente diciendo: «siempre lo hemos hecho así». Ese tiempo se está terminando. Hoy los creyentes comparan, leen, investigan y preguntan. El problema no es que las denominaciones estén siendo cuestionadas; el problema es si tendrán suficiente *Integridad Evangélica* para permitir que la Palabra de Dios las cuestione primero.**

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## Introducción: el problema no es que nos estén cuestionando

Algo está cambiando en el mundo evangélico chileno.

Las denominaciones continúan existiendo, las iglesias siguen reuniéndose y el pentecostalismo chileno continúa siendo una fuerza religiosa significativa. Sin embargo, la pertenencia denominacional ya no posee la capacidad de asegurar por sí sola la lealtad de las nuevas generaciones.

Los datos recientes deberían llamarnos la atención.

Pew Research Center, en una encuesta levantada entre marzo y mayo de 2024 y publicada en enero de 2026, reporta que el **19% de los adultos chilenos se identifica como protestante**, mientras que un 33% declara no tener afiliación religiosa. Más significativo todavía: un **5% de todos los adultos chilenos afirma haber sido criado protestante y hoy no identificarse con ninguna religión** —frente a apenas un 1% que pasó al catolicismo—. En los seis países latinoamericanos estudiados, la retención de quienes fueron criados protestantes fluctúa entre aproximadamente el 55% y el 70%.

La Encuesta Bicentenario UC muestra un cambio generacional aún más impresionante: entre los chilenos de 18 a 34 años, el **51% declara en 2025 no identificarse con ninguna religión**, por sobre el 33% que se identifica como católico.

Estos números no demuestran que las personas estén dejando iglesias evangélicas exclusivamente por problemas doctrinales, abusos pastorales o tradiciones humanas. Sería intelectualmente irresponsable afirmar eso.

Pero sí demuestran algo imposible de ignorar: **la afiliación religiosa heredada está perdiendo fuerza**.

Ya no basta decir: «somos pentecostales», «somos metodistas», «esta es nuestra tradición» o «así enseñaron nuestros antiguos pastores».

Las nuevas generaciones preguntan: **¿es bíblico?**

Y esa pregunta no desaparecerá.

Mi tesis es que el cuestionamiento a las denominaciones evangélicas es inevitable y que, en términos de fidelidad cristiana, quedan finalmente dos caminos:

1. **Volver a las Escrituras**, examinar nuestras doctrinas y prácticas y corregir aquello que no resiste el escrutinio bíblico.
2. **Proteger la tradición contra el cuestionamiento**, cerrando progresivamente el sistema hasta convertirlo en una estructura cada vez más autorreferente, defensiva y sectaria.

Frente a esta encrucijada quisiera proponer un concepto que necesitamos recuperar: **Integridad Evangélica**.

Por **Integridad Evangélica** entiendo *la disposición de someter tanto nuestra doctrina como nuestra práctica al señorío de Cristo expresado en su Palabra: interpretar fielmente las Escrituras, creer aquello que enseñan y obedecer aquello que demandan, aun cuando hacerlo tenga costos institucionales, culturales, económicos o personales*.

Es integridad en **lo que creemos** y también integridad en **la práctica de aquello que decimos creer**.

Ese es el punto al cual necesitamos volver.

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## «Siempre lo hemos hecho así»: la frase que la Biblia nunca inspiró

El problema no es tener tradiciones.

Toda iglesia las tiene. Horarios, himnos, estilos de predicación, formas administrativas, maneras de celebrar matrimonios, estructuras denominacionales y cientos de decisiones legítimas pertenecen al ámbito de la prudencia cristiana.

El problema comienza cuando dejamos de distinguir entre **tradición útil** y **mandamiento divino**.

Jesús confrontó exactamente ese fenómeno en Marcos 7. Su acusación contra los fariseos no consistía simplemente en que tuvieran tradiciones, sino en que habían llegado a **invalidar el mandamiento de Dios para conservarlas** (Mr 7:8-13).

Ese es el peligro.

Una tradición puede comenzar sirviendo a la iglesia y terminar gobernándola.

Charles Hodge defendía precisamente uno de los principios fundamentales del protestantismo: la Escritura contiene aquello que Dios quiso establecer como norma de fe y práctica para su iglesia, de manera que ninguna institución eclesiástica tiene derecho a imponer sobre la conciencia como deber divino aquello que no puede demostrarse por la Escritura.

La observación de Hodge es particularmente incómoda porque el problema no pertenece exclusivamente a Roma. Una iglesia puede confesar formalmente *Sola Scriptura* y, funcionalmente, vivir bajo **Sola Traditio**.

La historia chilena debería hacernos especialmente cautelosos.

El propio pentecostalismo nacional surgió dentro de una crisis de estructuras establecidas. Memoria Chilena documenta cómo Willis C. Hoover y sectores metodistas comenzaron a buscar una renovación espiritual mediante oración y estudio del Nuevo Testamento. El conflicto posterior involucró experiencias religiosas, diferencias de autoridad y relaciones de poder hasta desembocar en la separación que dio origen a la Iglesia Metodista Pentecostal en 1909.

La ironía histórica merece nuestra atención: **movimientos que nacieron cuestionando estructuras anteriores pueden terminar considerando incuestionables sus propias estructuras**.

Por eso la Integridad Evangélica requiere una pregunta permanente:

**¿Creemos esto porque podemos demostrarlo responsablemente desde la Escritura, o porque llevamos décadas repitiéndolo?**

La antigüedad de una práctica puede hacernos respetarla. Nunca puede convertirla en revelación.

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## Mucho llamado, poca preparación: cuando el carisma intenta hacer el trabajo de la doctrina

Una segunda razón para el cuestionamiento actual es la insuficiente preparación bíblica de muchos líderes.

Esto debe afirmarse con justicia histórica.

El extraordinario crecimiento del evangelicalismo y especialmente del pentecostalismo latinoamericano ocurrió muchas veces en sectores donde el acceso a educación formal era limitado. Dios ciertamente ha usado hombres sin títulos académicos y nadie debería confundir preparación teológica con credencialismo.

Pero una cosa es decir que **un título no hace a un pastor**, y otra muy distinta concluir que **un pastor no necesita estudiar seriamente**.

La Escritura no permite esa conclusión.

Pablo exige que el anciano sea capaz de exhortar con sana enseñanza y refutar a quienes contradicen (Tit 1:9). Timoteo debía dedicarse diligentemente al manejo correcto de «la palabra de verdad» (2 Ti 2:15). Y debía transmitir lo aprendido a hombres fieles que fueran capaces de enseñar también a otros (2 Ti 2:2).

La formación pastoral no es una obsesión académica moderna. Es una consecuencia de la responsabilidad de enseñar.

Y aquí Latinoamérica enfrenta una dificultad real. El informe *State of the Great Commission* del Movimiento de Lausana (2024) señala que África y América Latina permanecen comparativamente subatendidas por instituciones de educación teológica, mientras Norteamérica —con una población cristiana estable o en declive— dispone de una abundancia de ellas.

Por tanto, parte del problema es histórico y estructural.

Pero esa explicación ya no puede convertirse en excusa permanente.

Hoy existen seminarios, libros, cursos, bibliotecas digitales y recursos que generaciones anteriores simplemente no tuvieron. El desafío para las denominaciones es decidir si harán de la preparación bíblica una prioridad o seguirán dependiendo de personalidad, antigüedad, conexiones familiares y capacidad administrativa.

John MacArthur ha insistido durante décadas en una filosofía de formación pastoral basada precisamente en 2 Timoteo 2:2, 2:15 y 4:2: hombres preparados para manejar correctamente la Palabra y luego predicarla.

La **Integridad Evangélica** demanda reconocer que buenas intenciones no compensan mala interpretación.

Un pastor puede ser sincero y estar equivocado.

Puede ser carismático y estar equivocado.

Puede llenar un templo y estar equivocado.

El tamaño del ministerio nunca ha sido una prueba hermenéutica.

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## El pecado sigue siendo secreto… hasta que alguien enciende el teléfono

También ha cambiado radicalmente la capacidad de las instituciones para controlar la información.

Esto tiene aspectos negativos. Las redes sociales pueden difundir acusaciones falsas, destruir reputaciones sin debido proceso y convertir conflictos complejos en espectáculos.

Pero también han terminado con una antigua ventaja institucional: **la posibilidad de mantener indefinidamente ciertos problemas dentro de círculos cerrados**.

El caso del obispo Eduardo Durán Castro es doloroso, pero ilustrativo.

Conviene empezar por el precedente. Según consignó Cooperativa, ya en 2012 la iglesia había intentado expulsarlo por su «reprochable comportamiento», y la Corte de Apelaciones de Valparaíso falló entonces a su favor. Eso explica en parte por qué el proceso de 2019 fue tan disputado: no era el primero.

En abril de 2019, la Corporación Iglesia Metodista Pentecostal de Chile comunicó su destitución, señalando que se había apartado completamente de los principios cristianos. El 9 de mayo, el directorio reunido en Chillán Viejo declaró su «inhabilidad sobreviniente» y lo removió del cargo de obispo presidente. Según la prensa de esos días, los fundamentos consignados fueron causas judiciales pendientes, apartarse de la doctrina del Evangelio, ejercer el cargo con abuso de poder y error en la administración de los intereses de la iglesia.

Leídos a la luz de 1 Timoteo 3 —irreprensible, sobrio, prudente, no codicioso de ganancias deshonestas, con buen testimonio de los de afuera—, esos fundamentos describen las mismas cualificaciones que el Nuevo Testamento exige de un anciano. Esa lectura es mía: el acta no la formula en esos términos.

Durán y otros tres directores rechazaron por escrito la remoción, alegando que estaba fuera de los estatutos. El 1 de junio de 2019, la junta de oficiales diáconos la ratificó por unanimidad —dieciocho de veintisiete— reprochándole hechos «éticos y antibíblicos».

Lo que vino después importa tanto como la decisión. En diciembre de 2021, una investigación de BioBioChile informó que la iglesia lo acusaba de simular un contrato para apropiarse de las marcas institucionales. En 2023 fue formalizado por apropiarse del nombre de la Primera Iglesia Metodista Pentecostal, tras inscribir y comprar la marca en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial. Y en agosto de 2025, The Clinic informó su regreso discreto al ministerio como pastor evangélico, a los 83 años, con litigios todavía abiertos con sus antiguos colaboradores.

Este arco corta para los dos lados, y por eso lo cuento entero. La ratificación unánime de junio de 2019 muestra que la institución sí fue capaz de aplicar su propio estándar cuando hacerlo costaba caro: dieciocho oficiales votaron contra el hombre más influyente de su iglesia. Lo que vino después muestra cuánto cuesta esa aplicación y qué poco resuelve por sí sola: años de litigio, una formalización penal y un regreso al púlpito por otra puerta.

Lo significativo para nuestro argumento no es recrearse en un escándalo.

Es observar lo que sucede cuando existe una contradicción visible entre **lo que una iglesia dice creer acerca del ministerio** y **lo que está dispuesta a tolerar en quienes lo ejercen** —y lo que cuesta corregirla cuando se ha tolerado durante demasiado tiempo.

Aquí aparece nuevamente la Integridad Evangélica.

Integridad Evangélica significa que 1 Timoteo 3 no es solamente un texto utilizado durante una ordenación. Significa que sus requisitos continúan teniendo consecuencias cuando aplicarlos resulta incómodo.

Significa que la reputación de Cristo vale más que la reputación de nuestra denominación.

Que la fidelidad vale más que el apellido.

Que el carácter vale más que el éxito.

Que ningún hombre se vuelve demasiado importante como para ser evaluado por la misma Escritura que predica.

La crisis de integridad comienza mucho antes del escándalo público. Comienza cuando sabemos qué enseña la Biblia, pero decidimos que obedecerla sería demasiado costoso.

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## Las ovejas descubrieron que también pueden leer la Biblia

Hay además un fenómeno que ninguna estructura denominacional puede revertir: **la descentralización del acceso al conocimiento bíblico**.

Hace cuarenta años, para muchos creyentes el pastor local constituía prácticamente la única fuente de enseñanza teológica disponible.

Eso terminó.

Hoy un joven de una pequeña ciudad chilena puede escuchar durante una semana clases de teología, exposiciones completas de libros bíblicos, cursos de griego, sermones históricos y conferencias internacionales.

Eso no garantiza discernimiento. Internet también ha democratizado el error.

Pero ha ocurrido algo irreversible: **el monopolio informativo del púlpito local desapareció**.

Y eso significa que cada vez más creyentes están comparando.

Escuchan una interpretación y preguntan por el contexto.

Reciben una prohibición y preguntan por el texto.

Escuchan «Dios me dijo» y preguntan cómo aquello puede demostrarse bíblicamente.

Eso puede incomodar a un liderazgo acostumbrado a no ser interrogado.

Pero Hechos 17:11 presenta una actitud muy diferente. Los bereanos recibieron la palabra de Pablo con disposición y, al mismo tiempo, **examinaban diariamente las Escrituras para comprobar si aquello era así**.

Lucas no llama rebelde a esa conducta. La llama noble.

La Integridad Evangélica no debería producir pastores aterrorizados frente a congregaciones que conocen la Biblia. Debería producir exactamente lo contrario: pastores que desean congregaciones capaces de discernir.

Una iglesia saludable no necesita proteger a sus líderes de la Escritura.

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## «Falta de sometimiento»: la respuesta fácil a una generación que hace preguntas

Aquí debemos ser particularmente cuidadosos.

No toda pregunta es noble. Existe orgullo juvenil. Existe rebeldía. Existe crítica pecaminosa contra autoridades legítimas.

Pero utilizar esas categorías para neutralizar cualquier cuestionamiento es pastoralmente peligroso.

Las nuevas generaciones chilenas están relacionándose de manera distinta con las instituciones religiosas.

La Encuesta Bicentenario UC registra que en 2025 el **51%** de los jóvenes entre 18 y 34 años declara no identificarse con ninguna religión, por sobre un 33% que se identifica como católico.

Pew encontró además que en Chile el 33% de los adultos actualmente se considera ateo, agnóstico o sin religión particular, aunque el país conserva altos niveles de creencia en Dios.

Esto sugiere un escenario mucho más complejo que una simple historia de «secularización».

Las personas pueden conservar interés espiritual mientras pierden confianza en instituciones.

Por eso responder a cada pregunta diciendo «te falta sometimiento» puede conseguir silencio momentáneo y perder una generación completa.

La pregunta pastoral debería ser distinta:

**¿Tiene razón?**

Si la crítica es falsa, démonos el trabajo de responderla bíblicamente.

Si nace de orgullo, confrontemos el orgullo.

Pero si la persona ha descubierto una contradicción real entre nuestra tradición y la Palabra de Dios, **el que debe arrepentirse no siempre es el que hizo la pregunta**.

Eso también es Integridad Evangélica.

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## Cuando proteger la institución importa más que temer a Dios

Existe finalmente una tentación que amenaza a cualquier movimiento que logra sobrevivir varias generaciones: comenzar sirviendo una misión y terminar sirviendo a la organización creada para cumplirla.

Las estructuras comienzan a protegerse.

Los cargos adquieren importancia.

Los equilibrios internos pesan.

La reputación institucional se vuelve un objetivo.

Y lentamente aparece una pregunta peligrosa: no «¿qué demanda la Escritura?», sino **«¿qué le conviene a la denominación?»**

Alguien podría responder que la credibilidad pública de las iglesias evangélicas chilenas no está en crisis, y hay mediciones que permiten discutirlo en ambas direcciones. Pero ese no es el criterio. La popularidad pública no determina la fidelidad de una iglesia; Cristo nunca prometió que la obediencia produciría buenas encuestas. Tampoco la aprobación ajena absuelve a una institución que ha dejado de examinarse.

Apocalipsis 2–3 muestra a Cristo evaluando iglesias reales. No le impresiona su reputación. Sardis tenía «nombre de que vive» y estaba muerta (Ap 3:1). Éfeso conservaba muchas cosas dignas de elogio y, sin embargo, debía arrepentirse (Ap 2:2-5).

Ese es precisamente el punto.

Una denominación puede tener historia sin tener salud.

Puede tener edificios sin tener fidelidad.

Puede tener miles de miembros y necesitar arrepentirse.

Puede incluso tener una declaración doctrinal ortodoxa y carecer de **Integridad Evangélica** si no está dispuesta a obedecer aquello que confiesa.

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## Integridad Evangélica: reformarse o atrincherarse

Entonces volvemos al comienzo.

Las denominaciones no son malas por definición. Pueden preservar doctrina, organizar cooperación misionera, formar pastores, sostener instituciones, proveer rendición de cuentas y transmitir una herencia teológica valiosa.

La tradición tampoco es enemiga. Podemos aprender muchísimo de quienes estuvieron antes de nosotros.

El problema aparece cuando una denominación deja de considerar posible que esté equivocada.

Ahí comienza el sectarismo.

No utilizo aquí «secta» como una etiqueta sociológica para descalificar irresponsablemente a las denominaciones históricas. Hablo de una **tendencia sectaria**: estructuras cada vez más cerradas, autorreferentes, incapaces de recibir corrección externa y convencidas de que cuestionar sus interpretaciones equivale a cuestionar a Dios.

La alternativa es la **Integridad Evangélica**.

Charles Hodge decía que, más allá de aquello revelado en las Escrituras, la iglesia no posee autoridad para obligar la conciencia de los creyentes.

John Owen expresaba el mismo principio desde otra perspectiva: la voluntad revelada de Dios en su Palabra constituye la regla de nuestra obediencia.

Ahí está nuestra salida.

No necesitamos destruir las denominaciones.

Necesitamos hacer algo mucho más difícil:

**someterlas nuevamente a la Palabra que dicen representar.**

Si una doctrina es bíblica, defendámosla aunque sea impopular.

Si una tradición es útil, conservémosla sin convertirla en mandamiento.

Si una tradición contradice la Escritura, abandonémosla aunque tenga cien años.

Si nuestro gobierno eclesiástico favorece el abuso, corrijámoslo.

Si nuestros pastores necesitan preparación, preparémoslos.

Si nuestros líderes pecan descalificándose, apliquemos el estándar bíblico aunque sean poderosos.

Si nuestros jóvenes hacen preguntas legítimas, respondámoslas.

Y si después de examinar la Escritura descubrimos que nosotros estábamos equivocados, tengamos la humildad cristiana suficiente para decirlo.

Porque **Integridad Evangélica no significa nunca equivocarse**.

Significa que cuando descubrimos el error, nuestra lealtad a Cristo es mayor que nuestra necesidad de defenderlo.

Ese es el desafío que enfrenta hoy el mundo evangélico chileno.

El cuestionamiento es inevitable.

La pregunta es si nuestras denominaciones tendrán suficiente **Integridad Evangélica** para convertirse ellas mismas en las primeras en preguntar:

**«¿Qué dice realmente la Escritura?»**

Y después tener el valor de obedecer la respuesta.

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## Fuentes

**Biblioteca Nacional de Chile, Memoria Chilena.** «Fundación de la Iglesia Metodista Pentecostal en Chile (1909)» y materiales históricos sobre las iglesias evangélicas chilenas. Documenta el papel de Willis C. Hoover, la crisis dentro del metodismo y el surgimiento del pentecostalismo chileno.

**Pew Research Center.** Kirsten Lesage, Jonathan Evans, Manolo Corichi y Skylar Thomas, *Catholicism Has Declined in Latin America Over the Past Decade*, 21 de enero de 2026 (encuesta levantada entre marzo y mayo de 2024). Datos sobre afiliación religiosa, protestantismo, desafiliación y retención religiosa en Chile y Latinoamérica.

**Pontificia Universidad Católica de Chile.** *Encuesta Nacional Bicentenario UC 2025*, resultados del módulo de religión publicados en noviembre de 2025. Identificación religiosa por tramo de edad entre los chilenos de 18 a 34 años.

**Movimiento de Lausana.** *State of the Great Commission Report*, 2024, sección sobre estructuras de formación. Disponibilidad de instituciones de educación teológica y el déficit relativo de América Latina y África.

**Iglesia Metodista Pentecostal / prensa chilena.** Cobertura del caso del obispo Eduardo Durán Castro entre 2012 y 2025: Cooperativa (abril y mayo de 2019, y el intento de expulsión de 2012 resuelto a su favor por la Corte de Apelaciones de Valparaíso); 24horas, La Tercera y CNN Chile (remoción del 9 de mayo de 2019 en Chillán Viejo y fundamentos consignados); CNN Chile y El Mostrador (ratificación unánime de la junta de diáconos, 1 de junio de 2019); BioBioChile, *bbcl investiga* (diciembre de 2021, acusación por simulación de contrato para apropiarse de las marcas); The Clinic (agosto de 2025, regreso al ministerio y litigios pendientes).

**Charles Hodge.** *Systematic Theology*, vol. I, secciones sobre Escritura, tradición y suficiencia de la Escritura; y vol. III, sobre la autoridad de la iglesia. Texto digital disponible en Christian Classics Ethereal Library.

**John Owen.** *Pneumatologia*, sección sobre la Escritura como regla de obediencia cristiana. Texto digital en Christian Classics Ethereal Library.

**J. C. Ryle.** *Warnings to the Churches*. Banner of Truth.

**John MacArthur.** Material de Grace to You y The Master's Seminary acerca de la formación pastoral basada en 2 Timoteo 2:2, 2:15 y 4:2.

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*Texto bíblico: Reina-Valera 1960 ™ © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Derechos renovados 1988, Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.*
