El liderazgo de la iglesia no debe descansar en un solo hombre
Cuando toda la iglesia depende de un solo hombre, lo que admiramos como liderazgo fuerte puede ser, en realidad, una debilidad cuidadosamente escondida.
Ricardo Cerda11 de octubre de 20225 min
ΠΡΕΣΒΥΤΕΡΟΥΣ ΚΑΤΑ ΠΟΛΙΝ
Tito 1:5 · ancianos en cada ciudad
Cuando el bienestar de una iglesia depende demasiado de una sola persona, la congregación queda vulnerable al agotamiento, al abuso y a la falta de rendición de cuentas. En Liderazgo bíblico de ancianos, Alexander Strauch sostiene que el patrón ordinario del Nuevo Testamento es un liderazgo pastoral compartido por una pluralidad de hombres bíblicamente calificados.
El argumento no descansa en la eficiencia administrativa. En Hechos 14:23 se nombran ancianos en las iglesias; en Hechos 20:17-28, los ancianos de Éfeso reciben la responsabilidad de pastorear y cuidar el rebaño; y Tito 1:5 muestra el encargo de establecer ancianos en cada ciudad. El vocabulario de anciano, supervisor y pastor describe funciones relacionadas dentro del cuidado espiritual de la congregación.
La pluralidad distribuye responsabilidad, pero no elimina la necesidad de liderazgo real. Los ancianos deben enseñar, proteger de la falsa doctrina, guiar y cuidar. Al compartir estas tareas, pueden complementarse, deliberar juntos y corregirse mutuamente. No se trata de un directorio empresarial ni de un grupo honorífico, sino de pastores responsables ante el Príncipe de los pastores.
Strauch acierta también al poner el carácter antes que el carisma. Las listas de 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9 enfatizan dominio propio, hospitalidad, fidelidad familiar, madurez y capacidad para enseñar. La iglesia no debe confundir éxito profesional, popularidad o talento comunicacional con aptitud espiritual.
El argumento de Strauch me convence especialmente cuando deja de hablar de estructuras y obliga a mirar el carácter. Una iglesia puede cambiar sus estatutos y seguir dependiendo de una personalidad dominante. La pluralidad bíblica comienza cuando hombres probados comparten de verdad el cuidado, la enseñanza y la responsabilidad.
La aplicación del modelo requiere paciencia. Cambiar estructuras sin enseñar a la congregación puede producir una reforma formal sin cultura de pastoreo. También conviene reconocer que cristianos fieles discrepan sobre algunos aspectos del gobierno eclesial. La convicción debe argumentarse desde los textos, sin tratar toda diferencia como falta de reverencia bíblica.
La obra de Strauch resulta especialmente útil para iglesias centradas en la figura de un pastor principal. Su llamado no consiste simplemente en multiplicar cargos, sino en recuperar un equipo de hombres calificados que alimenten, protejan y guíen al rebaño.
Un oficio definido por funciones y carácter
Hechos 20 reúne varios elementos del oficio. Pablo llama a los ancianos de Éfeso y les dice que el Espíritu Santo los ha puesto como supervisores para pastorear la iglesia de Dios. Los tres términos no aparecen como niveles jerárquicos separados, sino como perspectivas complementarias: madurez reconocida, vigilancia responsable y cuidado pastoral. Su tarea incluye prestar atención a sí mismos, alimentar al rebaño y protegerlo de enseñanzas destructivas.
Primera Pedro 5:1-4 añade el modo en que deben ejercer autoridad. Los ancianos pastorean voluntariamente, con disposición y como ejemplos, no enseñoreándose de quienes están a su cuidado. La autoridad es real, pero derivada. Responden al Príncipe de los pastores y, por eso, no pueden tratar a la iglesia como propiedad personal.
Las calificaciones de 1 Timoteo 3 y Tito 1 sorprenden por su normalidad moral. Exceptuando la capacidad para enseñar, la mayoría describe virtudes esperadas de todo creyente maduro: sobriedad, dominio propio, hospitalidad, fidelidad, buen testimonio y una vida familiar ordenada. El énfasis indica que el liderazgo cristiano no descansa primero en visión estratégica o presencia pública, sino en un carácter que pueda ser imitado.
La capacidad docente tampoco se limita a hablar desde una plataforma. Un anciano debe comprender la sana doctrina, exhortar con ella y refutar el error. Esto requiere estudiar, escuchar y aplicar la verdad a personas concretas. Algunos ancianos dedicarán más tiempo a predicar; otros destacarán en cuidado personal o administración. La pluralidad permite reconocer diferentes dones sin abandonar la responsabilidad compartida.
Beneficios y desafíos de la pluralidad
Un equipo de ancianos puede ofrecer rendición de cuentas y sabiduría colectiva. Las decisiones importantes dejan de depender de la percepción de una sola persona. Los líderes pueden distribuir cargas, cubrir debilidades y proteger a la iglesia durante enfermedades, transiciones o crisis. También modelan una unidad que no exige uniformidad de personalidad.
Pero la pluralidad no funciona por el simple hecho de nombrar varias personas. Un pastor dominante puede conservar todo el poder mientras los demás solo ratifican sus decisiones. En el extremo opuesto, un equipo puede evitar responsabilidad mediante discusiones interminables. El liderazgo compartido necesita claridad sobre funciones, libertad para disentir, procedimientos de decisión y una cultura de confianza.
La rendición de cuentas debe incluir mecanismos para recibir acusaciones legítimas y proteger a la congregación. Primera Timoteo 5:19-21 evita tanto aceptar acusaciones livianas como encubrir el pecado comprobado de un anciano. La pluralidad ayuda, pero no vuelve imposible el abuso; la iglesia necesita transparencia, testigos, procesos justos y disposición a involucrar autoridades civiles cuando corresponde.
La relación con la congregación también importa. Según la convicción bautista congregacional de muchos lectores de Strauch, los ancianos guían y enseñan mientras la iglesia conserva responsabilidades corporativas en membresía, disciplina y doctrina. Otras tradiciones distribuyen la autoridad de modo diferente. Aun donde existe desacuerdo, los textos obligan a todos a preguntar cómo se evita el gobierno solitario y cómo se reconoce a pastores calificados.
La transición hacia una pluralidad sana debe comenzar formando hombres antes que llenando cargos. Se necesitan años de enseñanza, observación y servicio probado. Elegir rápidamente a personas por influencia o disponibilidad puede institucionalizar inmadurez. La meta no es completar un organigrama, sino confiar el rebaño a hombres que ya muestran amor por Cristo, la verdad y las personas.
El liderazgo compartido no hace imposible el pecado ni resuelve automáticamente cada conflicto. Sí crea condiciones más saludables para la rendición de cuentas y recuerda una verdad esencial: la iglesia pertenece a Cristo. Ningún líder humano debe cargar solo con ella ni comportarse como si fuera su dueño.
Ahora te toca a ti
Mira con honestidad la estructura real de tu iglesia, no solamente la que aparece en sus documentos. ¿Quién puede corregir al líder principal?, ¿quién conoce las cargas de la congregación?, ¿qué ocurriría si una persona clave faltara durante seis meses? Si las respuestas revelan dependencia excesiva, no improvisen nombramientos. Comiencen a formar hombres: observen su hogar, doctrina, servicio y capacidad de escuchar. El próximo paso no es repartir títulos, sino construir una cultura donde nadie se comporte como dueño de lo que pertenece a Cristo.